Pekin
     
 

Central, Hong KongLa Región Administrativa Especial (RAE) de Hong Kong tiene una población de aproximadamente 7 millones de personas. La RAE comprende la isla de Hong Kong; la península de Kowloon; los Nuevos Territorios, los cuales son lindantes con la China continental y más de 200 islas que van desde la isla de Lantau, que es más grande que la de Hong Kong, a otras pequeñas que son solo promontorios rocosos en los mares circundantes. La superficie total es de poco más de mil kilómetros cuadrados, es decir, cabría perfectamente dentro de la ciudad de Los Ángeles. Hace algunos cientos de años, esta pequeña parcela de tierra tropical en el distante margen del gran Imperio chino, no era más que un barranco rocoso, que si no hubiera sido por las incursiones de los extranjeros, hoy en día Hong Kong no sería sino un tranquilo pueblo de pescadores en el mar de la China meridional. Sin embargo, primero los mongoles, y después particularmente los británicos se han asegurado de que Hong Kong ocupe un lugar en la historia. Por casi dos siglos, Hong Kong ha servido como puerta de entrada a China, y hasta el día de hoy ha permanecido como un espejo en el cual los occidentales vislumbran reflejos de China, y China de Occidente.

La primera incursión, que ocurrió en el siglo XIII, fue muy corta; en esa época los remanentes de la dinastía meridional Song se escaparon al sur, lejos de las tropas mongoles que iban avanzando. En un principio decamparon hacia la bahía Silvermine, parte de una antigua aldea de pescadores de Mui Wo en la isla de Lantau, para después convertir a la península de Kowloon en su base. Los mongoles abatieron poco después a los Song meridionales, y así se olvidó pronto el primer roce con las políticas del imperio; sin embargo, la historia no había terminado aún con este asentamiento, y a principios del siglo XIX, por los tiempos de la Primera Guerra del Opio, Hong Kong apareció de una forma importante en el horizonte histórico. El protagonista fue Charles Elliott, Superintendente Británico de Comercio, quien en respuesta a la expulsión de los británicos de Macao, hizo de Hong Kong su base. La Guerra del Opio estalló, los chinos pronto aceptaron, sin rendirse, un acuerdo de paz y cedieron la isla a los británicos a perpetuidad, de a cuerdo a los términos del Tratado de Nanking en 1842. La Segunda Guerra del Opio también terminó con la derrota de los chinos, y esta vez la parte baja de la península de Kowloon se convirtió en territorio británico. Finalmente, en 1898, las tierras adyacentes de los Nuevos Territorios se dieron en arriendo a los británicos por 99 años.

Hong Kong fue tirando hacia adelante, a veces sirviendo de base para revolucionarios como Sun Yat-sen. Irónicamente, fue la victoria comunista continental en 1949, y el embargo respaldado por las NU que dieron a Hong Kong el estímulo que necesitaba para desarrollarse como refugio capitalista con una fuerte industria basada inicialmente en los textiles. Hoy en día es difícil encontrar todas esas maquilas, ya que la manufactura representa menos de un 5% en el PIB de Hong Kong, mientras que la industria del servicio representa más del 85%. El espíritu empresarial en Hong Kong permanece como el vínculo que tiene en común las pequeñas empresas comerciales del siglo XIX, las primeras fábricas y las actuales industrias de servicio. Jan Morris, primer comentador occidental, describe esta situación del siguiente modo:

“…son oportunistas geniales. Cuando los primeros baños públicos fueron instalados en Hong Kong, emprendedores chinos empezaron a sentarse sobre ellos durante tanto tiempo que las personas se vieron obligadas a sobornarlos para que los desocuparan. Cuando durante la peste del 1900 el gobierno ofreció dos centavos por cada rata muerta que fuera entregada a las autoridades, hubo un flujo enérgico de ratas importadas del continente. Empleados del Departamento Marino asignados a la estación de señalización en la deshabitada Isla Verde empezaron a criar cabras como actividad suplementaria.”.(1)

La victoria comunista también vio llegar muchas figuras culturales a Hong Kong, que incrementaron el natural enriquecimiento cultural, el cual acompañó el crecimiento económico de esta colonia. La industria del cine de Hong Kong es posiblemente lo que más se conozca en occidente, siendo muy reconocido el nombre Jackie Chan; sin embargo hay otras figuras que no son tan reconocidas pero que también han logrado moverse hacia el sur, incluyendo a aquellas del mundo de las artes marciales y los expertos en caligrafía. Todo esto aseguró que Hong Kong desarrollara un mundo cultural de forma orgánica junto a un perfil cosmopolita dejado por su pasado de colonia. Aunque el 95% de la población está registrada como de descendencia china, una de cada catorce personas tiene un pasaporte extranjero; este hecho es testamento del carácter internacional de gran parte de la población, así como de la conmoción que se causó en las personas por la incertidumbre vivida antes de que se regresara el control de Hong Kong a la China continental, cuando muchos ciudadanos se sintieron más seguros al tener una alternativa en caso de que la situación se complicara con el nuevo régimen.

Hong Kong ya no es un paraíso donde ir de compras como lo fuera alguna vez, aunque aún valen la pena algunos productos electrónicos. Si se pasea por ahí, es un espectáculo interesante ver el comercio de los productos de alta calidad: muchas de las personas que compran cosas de marca son los nuevos ricos que vienen de la China continental, quienes están cansados de la perpetua preocupación de la autenticidad de los productos en China y creen que en Hong Kong es menos probable encontrar cosas falsas. Interesantemente, hasta la calidad de las cosas falsas es admitida en Hong Kong, y muchos vendedores ambulantes intentarán convencerle de la “calidad genuina de las copias” que venden. Si se quisiera pasar un poco de tiempo en los lugares favoritos de la gente local, entonces se podrá ir al hipódromo de Happy Valley, el cual está rodeado de rascacielos, y se podrá disfrutar de las carreras nocturnas en la comodidad del Club de Jockey de Hong Kong.

(1).Jan Morris, Hong Kong: Epilogue to an Empire (London: Penguin, 1997), p.180.

 
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