One country, two systems, sixty ethnicities
   
 


Por Guy Rubin

Miao girls begin a folk dance Mientras grúas y apisonadoras se extienden por China como hormigas, dejando tras ellas una estela martilleante de ciudades y carreteras, ahora es el momento para aventurarse en las tierras del interior en busca de un lado más tradicional de China. En un vasto territorio, curvándose desde el paisaje lunar de Guilin hasta las junglas de Xishuangbanna y a la meseta tibetana en el noroeste, residen muchas de las minorías étnicas chinas. De los Dong a los Yi y los Bai, cada minoría, con sus propios modos de vida, cultura y mitología característicos, constituye una visión del mundo única y refrescante.

Al noroeste de Guilin, Guizhou, una provincia interior raramente visitada, es todo un tesoro antropológico. Sus pobres tierras cultivables y geografía, que han desmotivado el interés de sus poderosos vecinos, es el hogar de 13 de las 60 minorías étnicas reconocidas oficialmente en China. La vistosa capital provincial de Kaili, a cinco horas de tren al este de Guiyang, proporciona una buena base para explorar las aldeas Miao de los alrededores.

Cortejo al estilo Miao

Miao womenfolk A nuestra llegada a Langde, al suroeste de Kaili, los visitantes ya estaban siendo conducidos al interior de la aldea para participar en su festival de Año Nuevo. En cada giro por la sinuosa senda que lleva a la entrada de piedra de la aldea en la colina, niños y mujeres locales hermosamente engalanadas se apresuraban a ofrecer vasos de cerámica verdosa de vino local. Sus cabezas se sostenían rígidas bajo tocados ornamentados de plata, sus cuerpos delicadamente cubiertos con trajes tradicionales de intrincados bordados, parecían ángeles guardianes a las puertas del Cielo.  Mientras inclinaba el vaso de cerámica ofrecido, observando por encima de su oscuro borde al sonriente niño enmarcado en plata que estaba frente a mí, me pregunté por cuánto tiempo podría continuar esta idílica costumbre.

Mis pensamientos fueron interrumpidos por el trino de flautas lusheng emanando de las elevadas casas de madera. Estas flautas manuales de caña, usadas por la minoría Miao, se han convertido en el elemento genérico de sus festivales de cortejo. Nos precipitamos hacia el lugar del que provenía la música, su ondeante melodía llenando de vida la atmósfera quieta y húmeda, nos hacía burla a través de los caminos laberínticos y adoquinados de la aldea. Ladeando un estanque cubierto de musgo con impresionantes vistas sobre el río, por fin llegamos a la plaza central.

Entrando en el “espacio de las flores”, también traducido como “espacio para elegir amante”, estábamos sobrecogidos por la explosiva actividad frente a nosotros. El patio adoquinado, arropado por preciosas casas de ladrillo en tres de sus lados y con vistas a un valle en el cuarto, era un calidoscopio de color y sonido.

Test of strength Docenas de chicas laboriosamente ataviadas y chicos uniformados se arremolinaban unos junto a otros. A la señal resuelta y sonora de un tambor de bronce, el paisano más mayor, vistiendo ropas oscuras con mangas bordadas, guió a sus nietos (las minorías étnicas están exentas de la política de un solo hijo) hacia un muro de piedra cercano despejando la plaza. Hablaron entre ellos mientras los chicos, de nuevo tocando la flauta “lusheng”, dirigían a las chicas en una danza delicada y deslizante de graciosas inclinaciones y pequeños saltos.
Aunque la atmósfera es festiva y relajada, hay muy poco de casual en estas actividades de cortejo. Su objetivo es juntar a los chicos y chicas en edad casadera para emparejarlos. Si el físico y la danza de un chico en particular hacen que el corazón de una chica palpite y que sus rodillas le fallen, la tradición dicta que debería colocar un lazo alrededor del cuello de él. Si el chico siente lo mismo, puede mostrar su interés devolviéndole a la chica el talismán más tarde.

Parece que el mayor riesgo para cualquiera que esté preparando una relación se encuentra en las acrobacias de macho que el chico realiza al final del festival para demostrar su brío. Habiendo caminado sobre brasas y tendido en una cama de púas, un valiente joven Miao se aproximó a un alto poste en medio de la plaza. Durante el subsiguiente tamborileo nos dimos cuenta de que los travesaños clavados en el poste en realidad estaban compuestos de filos de dagas en punta, por las que ahora el chico escalaba con cautela. Un aldeano nos informó de que el truco para hacer esto consistía en no torcer las manos ni los pies hacia los lados cuando están sobre las cuchillas. ¿Y si lo haces? En respuesta, nuestro interlocutor se encogió de hombros resignadamente.

Mientras deambulábamos por esta aldea sacada de un libro de fotos, apaciguada por la melodía cadenciosa de las flautas, nos disgustó darnos cuenta de las innegables influencias del mundo moderno en este antiguo festival. En un nivel superficial, muchos de los elaborados tocados usados para diferenciar a las mujeres de las distintas aldeas, estaban siendo remplazados por una serie de horteras toallas de baño sostenidas por peinetas de plásticos. Más revelador quizá, es que observamos una ausencia llamativa de jóvenes varones entre la multitud. Un aldeano nos confirmó que muchos habían emigrado a las ciudades para buscar trabajo. Las granjas sobrevivían a duras penas, dijo, sólo sostenidas por los irregulares envíos de dinero de los trabajadores emigrados.

Corridas de toros entre las aldeas

Miao Festival Al día siguiente, sin embargo, nos encontramos en una colina aterrazada cubierta con tales jóvenes y sus toros. Saltando de nuestro minibús nos apresuramos a través de puestos de comida para ver qué pasaba. Se trataba de una competición de toros entre las diferentes aldeas, y estaba desarrollándose con una seriedad mortal. Mientras los hombres se reunían excitados alrededor del terreno donde tenía lugar la corrida de toros, las mujeres y los niños estaban sentados sin mostrar mucho interés en lo alto de la colina.

A diferencia de su equivalente español, estas corridas no implican una lucha entre el hombre y la bestia, sino entre toros. Habiendo sido colocados uno frente al otro, cuernos con puntas de metal unos contra otros, con sus flancos cubiertos de aceite centelleando bajo el cielo plomizo y sereno, sólo queda esperar unos segundos antes de que los toros inclinen las cabezas y, en un instante, comiencen a chocar agresivamente el uno contra el otro. Con sus cuernos enlazados y sus hocicos rasgando la hierba removida, los toros se embarcan en una lucha titánica. Dado que el carácter de cada toro es tan variado como su físico, cada pelea, en la que se incorporan nuevas estrategias de lucha, es absorbentemente única, decidiéndose el ganador en una de dos maneras. O bien un grupo de jueces elige un ganador o bien, con cierta frecuencia, uno de los toros huye, dirigiéndose generalmente a la multitud cercana y esparciendo alborotados espectadores en todas las direcciones.

En la excitante tensión, reflejada en cada uno de los hombres del valle, no había duda de la intensa fascinación y disfrute de este entretenimiento.

Opera étnica

Tal vez más sorprendente, por contraposición al desinterés general de los habitantes de la ciudad, es la popularidad del “dixi” u ópera “en el suelo” en la aldea de Bouvei que visitamos. La variedad local proviene de la ópera Han, llevada a la región por soldados de Nanjing durante la dinastía Ming. Cantantes glamurosamente vestidos, estaban rodeados por toda la aldea, que se sentó entusiasmada durante las cinco horas de espectáculo. De hecho, tan entusiasta fue su recibimiento, que los cantantes fueron solicitados para repetir algunas de las arias favoritas por parte de los distintos sectores de la audiencia. Para nosotros, no aficionados, fue igualmente divertido observar las cabriolas del público y charlar con los aldeanos a la vez que veíamos la ópera.

La pobreza relativa de Guizhou continúa escudando a sus pueblos indígenas de la invasión consumista predominante en la costa china. Aquellos viajeros preparados para la aventura lejos de las carreteras principales de Guizhou, serán recompensados con culturas que parecen haber escapado a las garras del tiempo. Puesto que la industria turística china gana en ímpetu, hay que esperar que el espíritu inocente de estas frágiles sociedades se vea comprometido por el cebo fácil del dólar turístico.

Para más información, puede hacerse con  una copia de “Guizhou, la provincia montañosa al suroeste de China” ("Guizhou, Southwest China's Mountain Province,") de Gina Corrigan (Passport  Books, ISBN I 0-8442-9896-4)

 

Julio 2000, Chinanow.com

 

 

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