Publicado el 10 de Septiembre de 2004 por Rochester Post-Bulletin


NOTA DEL EDITOR DE VIAJES: Sue Naessens (antigua invitada de Imperial Tours) es parte del personal de la Iglesia Luterana Redentora. Su esposo, Jim, trabaja en seguros de salud y en investigación en la Clínica Mayo.

China acoge muchos tesoros junto a su larga historia y rica herencia cultural. La Gran Muralla, los Guerreros de Terracota, y la Ciudad Prohibida vienen inmediatamente a la cabeza. Los museos abundan con arte de todo tipo. Los bordados de seda son nacionalmente famosos. Jardines clásicos, paisajes espectaculares, comida deliciosa... ¿qué más se puede pedir?

¡Pandas!

Los pandas son verdaderamente un tesoro nacional de China, especialmente tratándose de una especie en peligro de extinción. Mi marido Jim y yo amamos a los animales, así que, cuando empezamos a planear nuestro viaje, ver a los pandas era una prioridad. Viendo, no obstante, que la mayoría de los paquetes turísticos pocas veces incluyen visitas siquiera a un zoológico, empezamos a investigar viajes privados.

Margot Kong de imperial Tours (www.imperialtours.net) nos ayudó a organizar el viaje único en la vida a base de personalizar un itinerario de acuerdo con nuestros intereses. Disfrutamos de un crucero en el Yangtze y visitamos siete ciudades, una de las cuales fue Chengdu, capital de la provincia de Sichuan, hogar del panda gigante.

Justo al norte de Chengdu, visitamos la Base para el Estudio de la Crianza del Panda Gigante. Abarca 600 acres y mantiene un equipo de 48 científicos y técnicos que llevan a cabo estudios en reproducción, genética y endocrinología, control de enfermedades, comportamiento y nutrición. Tienen una población de unos 40 pandas en cautiverio y liberan a su prole en espacios salvajes cuando llega el momento apropiado. También educan al público en asuntos de conservación y proporcionan expertos para facilitar conferencias científicas.
Estudiosos de Inglaterra, Estados Unidos y Japón han desarrollado estudios allí.

Qué maravilloso lugar. En un hermoso escenario, parecido a un parque, observamos a los pandas jugando, escalando árboles y comiendo bambú. Visitamos la enfermería y vimos tres cachorros de menos de un mes de vida en incubadoras. Una cría recién nacida es a, grandes rasgos, del tamaño de una ardilla con una delicada pelusa cubriendo su piel rosa. En tres semanas, habrá crecido hasta alcanzar el tamaño de una pequeña cobaya y habrá empezado a mostrar las marcas blancas y negras tan características de la especie.

Durante una presentación en vídeo, vimos un panda dando a luz en la base de investigaciones. Ocurrió muy rápido, el bebé simplemente salió, causando en la madre más o menos el mismo efecto que si se hubiera estado sonando la nariz (¡sentí tanta envidia!). Madre primeriza, la hembra no alcanzaba a comprender totalmente qué había ocurrido. Contuvimos la respiración cuando empezó a sacudir al recién nacido por toda la jaula como si fuera un juguete. La cría fue rápidamente rescatada por el personal de investigación y gradualmente vuelta a presentar a la madre. Una vez que comprendió, la hembra fue muy cuidadosa. Una madre nueva generalmente sostendrá continuamente a su cría por varias semanas. Algunas veces jugará con el cachorro haciéndole girar o meneándole de aquí para allá entre sus garras.

Generalmente, los pandas viven cerca de los 20 años, alimentándose principalmente de bambú. Las crías estarán con sus madres durante 18 meses. Maduran a los cinco años y pueden empezar a emparejarse. Los pandas tienen una época de crianza extremadamente corta, aproximadamente de uno a tres días al año. Esto contribuye a la puesta en peligro de la especie junto con daños y destrucción de hábitats naturales. Algunas veces los pandas quedan atrapados en trampas hechas para otros animales, causándoles heridas y haciéndolos más vulnerables frente a depredadores naturales.

Los pandas rojos o “pandas pequeños” son también estudiados en la base. Mucho menores que el panda gigante, recuerdan a los mapaches Viven alrededor de 17 años en cautiverio y comen, no sólo bambú, sino también hierbas, raíces y bayas.; e incluso algunas veces, pájaros jóvenes o pequeños roedores.

Nuestra visita culminó con la oportunidad de tomar en brazos y jugar con Yaxing (pronunciado “ya-shing”), ¡una cría hembra de un año y 40 libras de peso! Tuvimos que ponernos un traje especial y guantes, no para beneficio nuestro, sino para proteger al oso.

Yaxing fue muy amigable y juguetona. Actuaba como un cachorro de perro, sacudiendo y mordisqueando nuestras manos. De todos los grandes momentos que experimentamos durante el tour, éste fue sin duda el más entrañable.

Aunque nuestro tiempo en Chengdu sólo representa un pequeño segmento de nuestro viaje, los recuerdos relacionados son todo menos escasos .Los pandas, definitivamente, deben contarse entre los tesoros de China.

© 10 Septiembre 2004 Rochester Post-Bulletin

 

 

 

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