Monks are blessed at a nearby monastery Shangri-La - ¿hay acaso otra palabra tan reminiscente de una utopía, en el techo del mundo? Desde la publicación en los años 30 de la novela de James Hilton “Horizonte Perdido”, el imaginario occidental ha sido cautivado por la promesa de un paraíso terrenal en algún lugar en las alturas de los Himalayas. Hilton había viajado mucho por la región unos años antes de que su novela fuera publicada, pero nunca dio la localización exacta, y hasta el día de hoy permanece un misterio. (En una reveladora imagen-espejo, la cultura china ha estado por años obsesionada con un paraíso en algún lugar hacia el oeste, cerca de las montañas Kunlun, hacia el sur del desierto de Taklamakan). Hoy, uno de los contendientes para representar esta utopía fue conocido en chino como el Condado de Zhongdian hasta el 2002, cuando su nombre fue oficialmente reemplazado por el de Condado de Shangai-La. Su nombre tibetano sigue siendo conocido como Gyalthang. ¿Es éste el verdadero Shangri-La? Usted puede formar su propia opinión, pero ciertamente tiene algunos de los atributos necesarios. Arriba en las montañas, a una altura de más de 10.000 pies (3.030 mts) se encuentra el Monasterio Ganden Sumtseling en cuyo valle yacen antiguas aldeas tibetanas que le dan un aire de utopía pastoral.

Este moderno Shangri-La no empezó su existencia como una utopía, era una importante parada en la Ruta del Té y los Caballos que subía de Yunnan hasta el Tíbet. Hacia el sur el camino bajaba hacia Lijiang y los campos más bajos de té de Yunnan, mientras que al norte el camino orillaba la magnífica Montaña de Kawa Karpo, cuyo pico tiene más de 20.000 pies (6.060 mts), antes de llegar al Tíbet propiamente dicho. Aún hoy este camino ha sido reconocido como el mejor paso desde Yunnan al Tíbet -la ‘carretera’ Yunnan-Tíbet construida por los chinos. El Gyalthang, como lo llaman los tibetanos, ocupa una posición especial en la historia del Tíbet. Su famoso monasterio (ver abajo) fue construido por pedido del Quinto Dalai Lama, y el pueblo fue donde muchos de los tibetanos del este, o los Kham, se congregaban y hacían competencias de destrezas a caballo y otras contiendas. El pueblo está situado en uno de los últimos valles antes de que el enorme macizo de montañas se tienda hacia el Tíbet y el oeste de Sichuan. A través de los apretados valles corren tres imponentes ríos, el Yangtse, el Mekong y el Salween, y éstos llegan al mar tan separados entre sí como las costas de Burma y Shanghái. Junto con estos ríos también aparece una gran variedad de vida animal, y el área es debidamente afamada por las aves migratorias que enriquecen el medio ambiente. A principios del verano también se ve una profusión de flores alpinas decorando los valles y las montañas.

Habiéndose mantenido mucho al margen de la historia de China, los turbulentos años 30 vieron a los ejércitos comunistas pasar por esta zona en su Larga Marcha. Estos mismos ejércitos retornaron casi dos décadas después para asegurarse que el área estuviera ‘liberada’ y que respondiera exclusivamente a Beijing. Dos utopías teoréticas colisionaron y por algún tiempo la versión china del marxismo tuvo la ventaja. La Revolución Cultural, 1966-76, fue mayormente una experiencia atroz para las minorías étnicas bajo el dominio chino. Sin embargo, una vez que el paraíso Socialista Maoísta siguiera su curso, las posibilidades de paraísos económicos individuales se hicieron posibles una vez más, y los locales, en el pueblo entonces llamado Zhongdian, aprovecharon esto bien. Hacia finales de los 90 los campesinos tibetanos locales descubrieron que uno de los tantos tipos de hongos que prosperaban en su Edén, que rara vez cosechaban para consumo propio, era un hongo muy buscado en Japón donde la alta calidad de las variedades locales podían costar hasta mil dólares la libra. Durante algunos años se estimó que más de la mitad, y en ciertos momentos hasta tres cuartas partes de los residentes de este paraíso estaban involucrados de una manera u otra en hacer llegar estos hongos desde las bases de los pinos a los platos de los conocedores japoneses en el lapso de un par de días.

No son sólo los occidentales y los japoneses quienes quedaron atónitos por las promesas de este mundo ideal y lo que podría encontrarse ahí, los chinos tienen una larga tradición de mirar hacia esta parte del mundo como el portal hacia una forma de paraíso eterno. Para los chinos, estas tierras y montañas fueron la locación de algunos de los registros más tempranos de los viajes espirituales de los chamanes. Fue el centro del Paraíso occidental del budismo y en algún lugar hacia el oeste se encuentran las legendarias montañas Kunlun, donde se decía que vivían los chinos inmortales. Aún hoy, de la primavera en adelante, cuando las nieves empiezan a derretirse y las hierbas silvestres de las montañas empiezan a crecer, se puede ver a los tibetanos en las calles de cada una de las grandes ciudades chinas, ofreciendo estas hierbas con la promesa de buena salud para aquellos tentados por el sueño de Shangri-La.

 

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