The Silk Road
   
 

The Silk Road's History, Development, Operation and Significance

Desde hace más de dos mil años, las percepciones de distancia y escala han sido constantemente desmentidas por los avances tecnológicos. Hoy en día damos por hecho aviones, trenes y carreteras, sistemas de distribución que proporcionan “Perrier” frío en mitad de un vasto y ardiente desierto. Aún así, incluso en nuestros días, la Naturaleza acaba con sólo un guiño con nuestras pretensiones de tomar el control. Cuando se está en mitad de un desierto abrasador, no hay mucho que su equipo de aire acondicionado pueda hacer. Los autobuses tienen que regresar a su punto de partida ante la proximidad de una tormenta de arena. Se puede contar con los trenes dependiendo de la deposición de arena en los raíles. Y este es el siglo XXI. ¿Cuánto más incierto debía ser atravesar la Ruta de la Seda dos milenios atrás? El monje Faxian, viajando por ella a finales del siglo IV, nos da una pista:

“Las únicas señales en el camino son los esqueletos de los muertos. Allí donde se encuentran, yace el camino a la India”

Estos eran los peligros de viajar a lo largo de uno de los sistemas de distribución más antiguos del mundo. Como tantas otras buenas ideas, sus orígenes están en el ejército.

La Historia de la Ruta de la Seda

En el 138 a.C. el emperador Wu de la dinastía Han decidió forjar alianzas militares con los reinos occidentales del Noroeste, donde estaban sus grandes enemigos, los Xiongnu (o hunos). Encargó esta misión al general Zhang Qian, dándole un centenar de sus mejores hombres y obsequios valiosos para sellar los pactos militares. Trece años después, tras haber pasado diez años como prisionero de los Xiongnu, el general Zhang regresó a la corte imperial Han solamente acompañado por un miembro más de la partida original. A pesar de no haber logrado establecer una sola alianza, el general Zhang  cautivó a la corte con información acerca del pujante movimiento comercial en 36 reinos al oeste de la frontera china. Lo que más atrajo el interés comercial del emperador fue su descripción de las magníficos caballos que había visto en el Valle de Ferghana (las actuales Kirzigistán, Uzbekistán y Tayikistán); corceles que eran fuertes y rápidos, más que ningún otro en China, y tan portentosos que harían invencible al ejército chino.

Las subsiguientes expediciones comerciales y diplomáticas al Valle de Ferghana fracasaron en la obtención de caballos, precipitando dos invasiones chinas a gran escala, la segunda de las cuales, en 102 a.C., llevó a la conquista de los territorios entre China y el Valle de Ferghana. Los chinos no sólo se hicieron con los caballos sino también con los mercados extranjeros en los que vender sus productos. Unos cincuenta años más tarde, en el 53 a.C., las legiones romanas de Marco Licinio Craso, en su malhadada campaña en Partia dijo haber visto estandartes espléndidamente brillantes hechos de un nuevo tejido maravilloso.

La fascinación europea por la seda

En sólo unas décadas, todas las familias importantes de Roma estaban ansiosas por lucir vestidos de seda. Hacia el año 14 d.C. esto se había ido tanto de las manos que el emperador Tiberio, repugnado ante los pliegues reveladores de este tejido ligero y delicado, prohibió su uso a todos los hombres. En poco tiempo, el misterio de la fabricación de la seda sumió a los intelectuales romanos en un ardiente fervor. Plinio afirmó que “la seda era obtenida a base de arrancar el anverso de las hojas con ayuda de agua”. Otros decían que crecía como lana en los bosques.

Teniendo sus consumidores una intensa curiosidad, los prudentes mercaderes chinos hicieron todo lo posible por mantener en secreto la manufactura de seda. La sericultura estaba limitada a las tierras interiores de Sichuan, lejos de los ojos curiosos y de las “narices grandes” o aventureros extranjeros. Guardias en la frontera, en máxima alerta, inspeccionaban todas las pertenencias de los forasteros.
Hay incontables historias acerca del robo de la seda. Unos hablan de monjes persas disfrazados de misioneros cristianos; otros hablan de comerciantes ingleses usurpando y sacando del país...la mariposa equivocada. Las más románticas envuelven a una joven princesa china ansiosa por complacer a su prometido, el rey de Yutian. Cuando el enviado del rey reveló a la princesa la pasión de su señor por la seda, la princesa resolvió robar el secreto de la seda para él.

Unos días más tarde, la princesa inició su largo viaje hacia el Oeste en una espléndida cabalgata. Después de muchas jornadas, cuando alcanzaron la frontera china en las Puertas Yumen en Dunhuang, la partida fue minuciosamente inspeccionada, incluso las posesiones personales de la princesa fueron escudriñadas, para disgusto del enviado del rey Wei Chimu. Tras atravesar las puertas de la frontera, se aproximó a la princesa para preguntarle si saciaría con éxito el amor de su rey por la seda. Quitándose la corona, la princesa dejó ver gusanos de seda escondidos en su pelo. Entre sus medicinas, le mostró las semillas de morera que ni se había molestado en ocultar. Señalando a sus sirvientas dijo: ”todas las mujeres en la llanuras centrales saben cultivar semillas de morera y criar gusanos de seda”. Así es como, según se cuenta, la seda escapó de los confines de China.

El apogeo de la Ruta de la Seda

Aunque llamada en los años de 1870 “seidentrasse” o Ruta de la Seda por el geógrafo alemán el Barón von Richthofen, sería tan incorrecto imaginar la Ruta como una sola vía de comercio como suponer que era seda el único producto con que se comerciaba.
La Ruta de la Seda puede verse como una red de este a oeste de rutas interconectadas que vinculaban varios reinos de Asia Central, como Bukhara, Samarcanda, Bishkek e Islamabad en el oeste, con las principales ciudades chinas, especialmente la capital de las dinastías Han y Tang, Changan (la moderna Xi’an) en el este. Las dos arterias predominantes por las que se desarrollaba el tráfico bordeaban los límites sur y norte de la cuenca de Tarim, que en Occidente es conocida popularmente como el desierto de Gobi. Ambas rutas, la meridional y la septentrional, emergieron poco antes del Paso de Yumen a las afueras de Dunhuang, desde donde el viajero continuaba por el corredor de Hexi hacia el sureste y de ahí, a las llanuras centrales de China.


Map of the major trade routes on the Silk Road


No era común a los viajeros recorrer la Ruta en su totalidad. Normalmente, los mercaderes distribuían sus productos entre los mercados de su región buscando el mejor precio. Cuando alcanzaba el límite de su área de operaciones, vendía sus productos en la frontera, generalmente a grupos de distinta nacionalidad o etnia, quienes continuarían pasando la mercancía a lo largo del eje este-oeste. De este modo, yendo en dirección oeste desde China, los mercaderes chinos vendían a los comerciantes del Asia Central, quienes harían negocios con los persas, a su vez conectados con los sirios, que comerciaban con griegos y judíos, siendo éstos los que suministraban a los romanos.

El mayor volumen de productos a lo largo de la Ruta de la Seda tuvo lugar durante la dinastía Tang (618-907), particularmente durante la primera mitad de este periodo. Los chinos importaban principalmente oro, gemas, marfil, cristal, perfumes, tintes y telas y exportaban pieles, cerámica, especias,  jade, seda, bronce y objetos laqueados y hierro.

Importantes para el desarrollo del mundo fueron las ideas e inventos intercambiados entre el este y el oeste como resultado del creciente comercio y comunicación. ¿Podemos acaso subestimar la importancia que inventos como el arado, el papel o la imprenta móvil tuvieron en el desarrollo de Occidente? De forma similar, China se vio inmensamente enriquecida por la introducción del Budismo desde la India.

Legado Budista

El Budismo es una de las tres principales religiones en China, siendo las otras dos Taoísmo y Confucianismo. A diferencia de las dos últimas, sin embargo, el Budismo no es originario de China. Se trata de una importación del Norte de la India. Siendo así, es representativo de un sector del pensamiento chino que es receptivo a la hora de aceptar ideas foráneas. (Conste que algunas doctrinas budistas fueron adaptadas con el fin de que encajara mejor en el sistema de creencias chino).

En cinco siglos de apertura de la ruta de la seda a Asia Central, el Budismo había pasado a tener tanta preeminencia en China que algunos expertos estiman que hasta un 90% de su población se había convertido al budismo. Con la dinastía Wei del Norte (386-535) esta filosofía religiosa había penetrado tan profundamente en la élite en el poder que inspiró programas masivos de construcciones públicas en algunos de los complejos de cuevas más exquisitos del mundo en Mogao, Yugang y Longmen. Y en el 629, a principio de la dinastía Tang (618-907), la preocupación por la autenticidad de los textos llevó al peregrinaje más famoso en China: el monje Xuanzang partió de Chang’an (la actual Xi’an) en un viaje de dieciséis años al Norte de la India en busca de los textos originales en sánscrito. Cuando regresó con más de 600 textos, la Pagoda de la gran Oca fue construida en Chang’an como biblioteca para estos manuscritos.

La primera mitad de la dinastía Tang supuso el esplendor del Budismo chino. Disfrutó de una popularidad inmensa y del favor imperial. La única emperatriz china, Wu Ze Tian (625-705) en particular, financió muchos proyectos budistas, destacando la enorme estatua del Buda Blanco en las Cuevas de Mogao. Pero, al final, el Budismo se convirtió en víctima de su propio éxito. Tan extenso y total era su desplazamiento de los sistemas de creencias tradicionales chinos, como el Taoísmo y Confucianismo, que en la segunda mitad del periodo Tang, provocó una serie de reacciones contrarias conservadoras de las que nunca se recuperó. Esta caída ocurrió al mismo tiempo que el incremento del comercio marítimo en la costa que llegó en detrimento de la Ruta de la Seda. Como resultado, China se apartó de los devotos reinos budistas de Asia Central que pronto se convertirían al Islam.

 

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